En los últimos años un producto nuevo y totalmente revolucionario ha llenado las estanterías de muchos comercios: un desodorante natural de origen mineral popularmente conocido como piedra de alumbre.

Desde entonces la opinión pública se ha dividido: para algunos es el desodorante natural ideal, para otros en cambio sigue siendo tan peligroso como los desodorantes convencionales que se pueden encontrar en supermercados y perfumerías.

Empezamos con decir que realmente lo natural es sudar, que nuestra piel pueda transpirar para regular la temperatura corporal…afortunadamente la época en la que los desodorantes buscaban bloquear la sudoración de la piel actuando como “tapón” de los poros que realizan esta fundamental función, se van acabando. Lo que hoy en día buscan los desodorantes, tanto convencionales como la piedra de alumbre, es eliminar o paliar el mal olor que muchas veces acompaña la sudoración.

Hablando de desodorantes y efectos que pueden tener sobre nuestra salud, la atención se centra en los efectos del aluminio, componente fundamental de todas las tipología de desodorantes. “El aluminio en desodorantes ha sido relacionado con el cáncer de mama, se le ha acusado de ser disruptor endocrino, incluso de tener relación con el Alzheimer. Circulan bulos al respecto, pero no hay datos que prueben nada”, asegura la OCU. El Scientific Committe on Consumer Safety (SCCS) emitió una opinión sobre la seguridad del aluminio en cosméticos en la que admite que, “debido a la falta de datos adecuados sobre la dosis de penetración dérmica en usos cosméticos, no puede realizarse una una evaluación del riesgo”.

La mayor parte del aluminio que entra en nuestro organismo viene a través de la dieta. Se estima que ingerimos de 2 a 13 mg de aluminio cada día a través de la comida. En menor medida que la dieta, también nos podemos exponer al aluminio a través del agua que bebemos. Y finalmente también lo pueden llevar fármacos (como el hidróxido de aluminio per se, que se utiliza como antiácido), y componentes de las vacunas (la dosis máxima por vacuna en Europa es de 1,25 mg).
Volviendo a centrarnos en la piel, que sería la puerta de entrada del aluminio a nuestro organismo a través de los desodorantes, se calcula que sólo se absorbe un 0,012% del aluminio que se aplica. Por tanto, el aluminio que recibimos a través de los cosméticos es una parte muy pequeña de nuestra exposición a esta sustancia.

Parece ser que, por lo menos de momento, no hay evidencia científica alguna ni a favor ni en contra del aluminio. Sin entrar en valoraciones especificas sobre desodorantes convencionales y piedra de alumbre, sí hay que hacer una observación: los desodorantes convencionales incorporan en su formulación distintos componentes químicos que individualmente son inocuos y que pero de forma conjunta pueden convertirse en algo dañino para nuestra salud: es esto realmente lo que tenemos que observar cuando leemos el INCI (International Nomenclature of Cosmetic Ingredients, Nomenclatura Internacional de Ingredientes Cosméticos) de cualquier producto que utilizaremos en nuestra piel.
Si a vosotros también os interesa cuales son los componentes presentes en los desodorantes perjudiciales para nuestra salud, y como se obtiene la piedra de alumbre, seguid leyendo…os iremos informando.